es pacial

El espacio desde su naturaleza y desde sus propiedades….

La evidencia del ser es el estar, y es ubicable, se encuentra manifiesta en los bordes del espacio ocupado, y gracias a ese aparente vacío, que no es tal, y que lo envuelve, es por el que la percepción de la exterioridad de los cuerpos se hace posible; el ser no es aprehensible límite contra límite, pared contra pared, piel contra muro; sino como afecto del espacio comprendido entre él y el límite, como posibilidad de relación entre él y el resto de los cuerpos presentes también en el lugar en que se encuentra.

El espacio, en tanto lugar para ser, se nutre del afecto y no existe previo al estar ocupado sino como preocupación de la mujer o el hombre que lo habita. Su esencia es el encuentro del ser consigo mismo y con el otro. El ser humano social interviene el espacio inevitablemente, por ello su cambio ha de llevar implícito un cambio en los conceptos espaciales. La ciudad se expande geográfica y demográficamente de manera aparentemente imparable, (sobre todo en los países más pobres) pero parece perder su esencia misma: la irrenunciable necesidad que han de sentir sus habitantes de habitarla.  La ciudad es algo más que un asentamiento humano; se adscribe al desarrollo del individuo desde su percepción y es fruto de la identidad y de la diferencia, de la suma de experiencias y proyectos de vida; cada avenida, cada jardín, cada casa, cada cuerpo… se vuelven referentes del paisaje y del ser humano que lo transciende vinculándolo al pensamiento  y a la memoria.


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