es pacial

El espacio desde su naturaleza y desde sus propiedades….

La evidencia del ser es el estar, y es ubicable, se encuentra manifiesta en los bordes del espacio ocupado, y gracias a ese aparente vacío, que no es tal, y que lo envuelve, es por el que la percepción de la exterioridad de los cuerpos se hace posible; el ser no es aprehensible límite contra límite, pared contra pared, piel contra muro; sino como afecto del espacio comprendido entre él y el límite, como posibilidad de relación entre él y el resto de los cuerpos presentes también en el lugar en que se encuentra.

El espacio, en tanto lugar para ser, se nutre del afecto y no existe previo al estar ocupado sino como preocupación de la mujer o el hombre que lo habita. Su esencia es el encuentro del ser consigo mismo y con el otro. El ser humano social interviene el espacio inevitablemente, por ello su cambio ha de llevar implícito un cambio en los conceptos espaciales. La ciudad se expande geográfica y demográficamente de manera aparentemente imparable, (sobre todo en los países más pobres) pero parece perder su esencia misma: la irrenunciable necesidad que han de sentir sus habitantes de habitarla.  La ciudad es algo más que un asentamiento humano; se adscribe al desarrollo del individuo desde su percepción y es fruto de la identidad y de la diferencia, de la suma de experiencias y proyectos de vida; cada avenida, cada jardín, cada casa, cada cuerpo… se vuelven referentes del paisaje y del ser humano que lo transciende vinculándolo al pensamiento  y a la memoria.


THE MILKMAID


THEMILKMAID from Joy Penroz on Vimeo.

The milkmaid/La lechera
Joy Penroz
Video

“En el momento en que cometes un fraude en nombre
de la belleza, sabes que eres artista.”
David Hockney

Entre 1658 y 1660 Jan Vermeer de Delft pinta “La Lechera”. Es muy probable que la atracción que sentimos en la actualidad por esta pintura sea precisamente porque vemos en ella una forma de representar la realidad muy diferente a lo que acostumbramos llamar “pintura clásica”. Es sin duda una realidad fotográfica y además cotidiana.

Vermeer nos presenta una mujer concentrada en su quehacer, con la mirada baja, vertiendo leche en un cuenco con dos asas. La escena se desarrolla en una sobria estancia con paredes grisáceas en la que destacan los clavos, los agujeros o las grietas de una morada humilde. Sobre la mesa, encontramos un cesto con pan y algunos panecillos fuera de él.

La objetividad de esta pintura, nos exime de interpretaciones simbólicas teológicas o ideológicas aunque no podemos abstraernos de la imagen de una mujer prisionera
del que hacer doméstico congelada en un cuadro, condenada a verter leche durante una eternidad.

David Hockney en su libro Secret Knowledge: Rediscovering the Lost Techniques
of the Old Masters, desmitifica la idea del pintor “talentoso” y abraza la moderna idea del homo tecnologicus en una narración que nos deja convencidos acerca de la utilización de una cámara oscura para dibujar y reproducir la escena. Y digo reproducir, porque la escena se produjo en una habitación contigua, pasando a través de la lente (gracias a la iluminación de la ventana) proyectándose como una película continua en colores (invertida) sobre la pared de la sala obscurecida donde se ubicaba el pintor con su lienzo.

350 años después, decido, reproducir la escena, es decir; la vuelvo a producir.
En un acto especular (como espejo) hago el recorrido al revés. Parto viendo el cuadro, dispongo una escenografía similar usando elementos cotidianos de su casa y hago de protagonista representando a la lechera. Grabo la escena con la cámara, edito y loopeo la imagen en el momento en que vierto la leche.
Se reproduce la tragedia, esta vez prisionera de un video, la lechera parece condenada a cumplir con su monótono destino.

Sin embargo falla el funeral. Con un final post humanista, de manera espectacular tan pop como su escenografía, la vida continúa y la lechera vuelve a sus quehaceres como artista.

por Joy Penroz

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